Cómo manejan su menstruación las reclusas mexicanas

Hay más de 700 mil mujeres en prisión en el mundo. E independientemente de por qué están ahí o en qué tipo de instalaciones viven, estamos de acuerdo en que al menos deberían tener acceso a servicios básicos de salud. No por ser mujeres, simplemente por ser seres humanos.

Pero la situación es diferente en México y en otras partes del mundo. En nuestro país, el derecho a la higiene menstrual no existe. Según diversas entrevistas con mujeres que están o han pasado por la cárcel y con cuestionamientos vía transparencia, las autoridades no otorgan insumos para el periodo menstrual, por lo que las reclusas dependen de las visitas familiares para tener toallas o tampones o para comprarlos adentro.

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En México existe poca información sobre el derecho a la higiene menstrual de las mujeres privadas de la libertad. A través de los órganos de transparencia, la Secretaría de Salud (Ssa) federal afirmó que no cuenta con información sobre compras de toallas sanitarias para la menstruación que se destinen a cárceles femeninas.

Y, según las entrevistas realizadas por El Universal, debido a la falta de productos femeninos, las reclusas tienen que inventar sus propias toallas sanitarias con trapos o telas, incluso sus mismos uniformes y playeras.

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“En el Cefereso de Morelos yo tenía hemorragias por mala alimentación y pérdida de peso. Primero perdí la regla, pero cuando volvió era muy abundante. Yo no tenía tienda, porque no tenía depósito. ¿Qué podía hacer? Usar calcetines como toallas.

“Nos daban cuatro calcetines: dos cafés y dos blancos, pero luego se acababan, porque el cambio de uniformes era cada medio año”, narra Viridiana, quien tiene 30 años y salió de prisión en 2019.

De acuerdo con ella, en la prisión federal de Morelos, un paquete de toallas nocturnas costaba hasta 80 pesos; sin embargo, en tiendas regulares se encuentran entre 25 y 60 pesos.

La higiene menstrual es un derecho humano, según diversas organizaciones internacionales, como Human Rights Watch y Wash United, que subrayan que se trata de una base para garantizar la equidad de género.

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¿Y las consecuencias?

Una mala higiene menstrual pueden provocar muchos problemas, tales como infecciones por bacterias y hongos en el tracto reproductivo y urinario.

  • La irritación en la piel puede provocar dermatitis, la introducción de bacterias en la uretra puede causar infecciones y, de no ser tratadas adecuadamente, puede dañar los riñones.
  • El crecimiento de bacterias dañinas puede causar infecciones en el tracto genial, lo cual puede dañar la vagina. La alteración del pH vaginal puede provocar cambios en la flora y fomentar el crecimiento de malas bacterias.
  • Y, entre más infecciones tengan de este tipo, mayores probabilidades hay de desarrollar cáncer cervical.
  • A largo plazo, la falta de higiene menstrual puede provocar infertilidad.

Puedes leer el reportaje completo en El Universal

Foto: El Universal

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