La otra fractura del sismo. Las secuelas tras una noche de gritos y llantos

La otra fractura del sismo, esa oscuridad que oculta gritos y llantos
La otra fractura del sismo, esa oscuridad que oculta gritos y llantos

Con el propósito de fomentar la cultura de la Protección Civil en la población y contribuir con el fortalecimiento de las capacidades de reacción de las unidades internas y sus brigadas ante la eventualidad de una emergencia o desastre, la Dirección General de Protección Civil convoca a instituciones públicas y privadas a nivel nacional a participar en el Macrosimulacro de sismo que se llevará a cabo el próximo lunes 20 de enero.

El anuncio es claro: fortalecer las capacidades de reacción… ante la eventualidad de una emergencia o desastre.

Sin embargo, la página gubernamental omite una acción vital de preparación y apoyo. El voluntariado.

Pocos son los que fuimos partícipes constantes de ayuda ante la eventualidad de septiembre de 2017. Y de esos pocos, escasos los que quieren hablar del tema.

Localicé a un joven recién universitario de no más de 19 años quien, como parte de su terapia de shock, decidió contarme lo que vivió. Omitiré el nombre, aunque ese gesto no despersonifica a este varón y a su familia, que son su red de apoyo.

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No es sencillo dar detalles de todo lo que vio e hizo durante el tiempo que prestó apoyo. Las emociones se combinaban entre ira por la desorganización e impotencia por no poder sacar con vida a las personas de entre los escombros. Y aún así aceptó contarme.

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Después del sismo los medios se encargaron de vociferar desgracias y solicitar apoyo entre la población. Y así fue como él se ofreció como voluntario al Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), el 19 de Septiembre de 2017.

Lo primero fue durante la ruta trazada para llegar al punto que le asignaron.

Varias unidades partieron hacia un punto fijo. Pasó por varias zonas de derrumbes. Pero en una unidad habitaciona, había muchas personas en la avenida, los cuales, al ver los convoyes, ambulancias, unidades de apoyo y demás, corrían alrededor de los camiones implorando ayuda, pidiendo que se detuvieran a brindar apoyo porque había personas que necesitaban atención y otras atrapadas.

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Lamentablemente no podían detenerse. La orden específica era llegar a las ubicaciones asignadas.

Esa imagen es una de las que persiste en su memoria, una oscuridad ocultando gritos y llantos, el ruido de las pisadas desesperadas y los golpes exigiendo que la camioneta parara para ayudarlos.

Al llegar al punto asignado había algunos edificios derrumbados y los restos de una escuela a unas calles, en la cual aún seguían tratando de sacar a los niños.

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El ver los restos de un condominio derrumbado, de la maquinaria pesada tratando de levantar lozas que parecían emparedados enormes. El ruido del taladro perforando paredes, La mecánica armonía del golpe de las palas. El constante sonido de las sirenas. Ese ruido de sirena aún le genera desasosiego.

Y ser rodeado por personas preguntando por sus familiares y no poder brindarle información alguna.

Tratar de sostener en vano a los que reconocían el cuerpo inerte de su hijo, de su hermana. Y se derrumbaban en sus pies entre vomito y llanto.

La cabeza comenzó a dolerle. Su fuerza comenzó a agotarse desde sus piernas.

El caos, la lluvia… todo era desorden. La noche desapareció y todos siguieron trabajando, rascando como ratas para entrar en los rincones. Día y medio tardaron en llegar unidades de rescate de la Semar junto con unidades caninas que realmente saben que hacer, como hacerlo y agilizarlo.

Los civiles voluntarios fueron reasignados a otras zonas, ya fuera tratar de cubrir la demanda de herramientas o víveres. Y a él lo mandaron ahí. Tres días sin parar de trabajar, sin decir nada. Es una experiencia no grata, y por ello no le gusta hablar de eso.

Las terribles pesadillas duraron cada tercera día, hasta inicios de 2019.

Ahora ha vuelto a soñar con terremotos o personas aplastadas. Pero son casos aislados.

Y odia que los medios de comunicación le dieran tanta cobertura y pasaran una y otra vez imágenes y vídeos de lo que sucedió, no le gusta mirarlos.

Después de haber prestado ayuda a los pocos días comenzó con problemas de las vías respiratorias, bronquitis aguda, rinofaringitis y problemas dermatológicos. Los médicos le explicaron que probablemente se debió por la cantidad de bacterias que aspiró en el polvo de las edificaciones derribadas. Y el contacto con cuerpos inertes sin protección adecuada.

Le tomó poco más de un año y medio a su sistema inmunológico tomar cierta estabilidad.

Este 2020 debe realizar otro chequeo para corroborar que su cuerpo se está recuperando aunque su mente siga fracturada como los edificios que ese sismo cimbró.

Por: Cecilia Olague

 

 

 

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