¿Las mujeres mexicanas usan anticonceptivos en su primera relación sexual?

La salud sexual y reproductiva son un derecho humano que permite a las personas disfrutar de una vida satisfactoria y sin riesgos; acceder con libertad, sin discriminación ni violencia a métodos anticonceptivos seguros, eficaces, asequibles y oportunos; decidir cuántos hijos tener y en qué momento, así como contar con servicios de salud de calidad que garanticen un embarazo saludable y un parto sin complicaciones.

En el mundo, garantizar este derecho no sólo refleja el nivel de desarrollo de un país en cuanto a educación, bienestar y productividad, entre otros factores, sino que también es uno de los medios más efectivos para promover el desarrollo de las mujeres en distintos ámbitos.

Lamentablemente, este derecho se ve afectado cada vez que una adolescente queda embarazada o que una mujer es obligada a tener hijos no deseados o no planeados, cuando se niega el acceso a métodos anticonceptivos por barreras personales o socioculturales, así como cuando éstos no están disponibles en las instituciones de salud; o bien, no satisfacen por completo sus necesidades para el control natal.

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En conferencia de prensa, la Dra. Miriam Negrín Pérez, miembro de la FEMECOG, indicó que gracias a los avances en materia de planificación familiar desde 1960, la tasa de fecundidad global en México disminuyó de 7 a 2.1 hijos por mujer; sin embargo, la de fecundidad por edad aumentó en el grupo de 15 a 24 años de edad con 126 nacidos vivos por cada mil, lo que significa que 1 de cada 5 embarazos ocurren en mujeres de este rango de edad que, en más del 50% de los casos, no deseaban tener hijos o querían postergar el nacimiento de su primogénito.

“En nuestro país, el embarazo a edades tempranas sigue siendo un problema de salud pública de alta incidencia y múltiples consecuencias, pues obstaculiza el proyecto de desarrollo de los jóvenes: los obliga a iniciar una vida adulta de forma prematura y asumir obligaciones para las que no están preparados, trunca su proceso de educación, sus oportunidades laborales e incrementa la transmisión intergeneracional de la pobreza económica y psicosocial. A pesar de que el 90% de las adolescentes reciben información sobre sexualidad en la escuela y que más del 80% describe su primera relación sexual como agradable o muy agradable, no se utiliza ningún método anticonceptivo por miedo, descuido o porque se cree que no va a quedar embarazada”.

Asimismo, comentó que aunque el 98.7% de las mujeres en edad fértil conoce al menos un anticonceptivo, la realidad es que 65.1% no lo usaron en su primera relación sexual; en tanto, del total de mujeres de 15 a 49 años de edad, 51.6% utilizan actualmente al menos uno, 15.3% son ex usuarias y 31.8% nunca lo utilizó.

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En cuanto a las mujeres de entre 20 y 24 años de edad que tienen una vida sexual activa, la especialista dijo que 85% de quienes no desean embarazarse utilizan un anticonceptivo tradicional como el condón masculino, el ritmo u otros, mientras que el resto de ellas (sólo 15%) eligen uno de mayor eficacia como la inyección anticonceptiva, entre otros.

Cabe destacar que las usuarias que más buscan usar algún método anticonceptivo son las que ya tienen un hijo.

“Sin duda, el conocimiento es un pre requisito para que las mujeres puedan elegir de manera informada sobre la gama de métodos de planificación familiar disponibles según sus necesidades y/o preferencias. Sin embargo, el mayor rezago está en aquellas mujeres con baja escolaridad, que viven en comunidades rurales con poco acceso a información y quienes tienen una barrera de tipo geográfico, económico, cultural y religioso que les dificulta el acceso a métodos anticonceptivos”, expuso.

Agregó también que empresas como Pfizer han innovado en el desarrollo de nuevos métodos anticonceptivos que se adecúan a las necesidades de las mujeres mexicanas, sobre todo para aquéllas que desean evitar métodos que les causan dolor o irritación en el sitio de aplicación; que requieren de una incisión en el cuerpo para su inserción o retiro, o bien, que un médico se los aplique en su consultorio; entre otras limitaciones que, al final, reducen las opciones funcionales disponibles para lo que ellas buscan.

Por su parte, Victoria Fuentes, Directora General de Mexfam, comentó: “En México tenemos derechos sexuales y reproductivos, mismos que nos dan la libertad de decidir cómo vivir nuestra sexualidad sin ser discriminados o juzgados por condición alguna. Si bien, a los derechos sexuales y reproductivos se les nombra juntos, cada persona en realidad tiene la oportunidad y privilegio de ejercer su sexualidad independientemente de la reproducción; es decir, existe la posibilidad de practicar la sexualidad sin la necesidad de procrear. Aunado a ello, se debe trabajar en ofrecer información sin calificar a quien la solicita, en proveer orientación sin estigmatizar, en facilitar el acceso a los métodos anticonceptivos y en enfatizar sobre la importancia de la elección de la mujer sobre el método anticonceptivo que más se ajuste a sus necesidades”.

En ese sentido, hizo hincapié en que la planificación familiar y el uso correcto de métodos anticonceptivos traen múltiples beneficios para el bienestar de la población femenina: previenen muertes por partos reduciendo la mortalidad materna, proveen la oportunidad de espaciar embarazos y por ello empoderan a la mujer como un entidad independiente en la toma de decisiones sobre su cuerpo, su vida y su sexualidad.

Fotos: Archivo Eme de Mujer