¿Mente sana en cuerpo sano?

Y llegó el año 2000, año bisiesto, año del Dragón para la cultura china.

Un ranchero gobernaría al país, gracias a los que votaron por él porque sabían que la corrupción era tan clara que no ganaría. Dejó las vacas en el campo y comenzó a arrear a los mexicanos, como tepocatas, alimañas y víboras prietas.

Mientras Soraya Jimenez ganaba oro en Sidney,  Lars Von Trier martirizaba a su heroína Björk en Dancer in the Dark y los hombres se paralizaban al ver a la francesa Alizée cantando en vivo su éxito Moi … Lolita.

Give me a break!! Razones no faltaban para creer que se acabaría el mundo.  Hasta Reagan huyó por las escaleras, cual vil araña con la cabeza al revés, cuando se enteró de la remasterización de El Exorcista.

Y en ese mundo caótico, me enamoré y todo se complico aun más.

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Estaba llena de amor, tan llena que había aumentado 15 kg de peso para mi pequeño cuerpo. La comida, el amor y el alcohol fueron letales en grandes cantidades.

Algún día, porque no recuerdo cuando fue, mientras “cantaba” la canción de HIM Razorblade Kiss sentí que algo me faltaba. No sabía que, pero el vacío estaba ahí.

Tengo lo que quiero, ¿por qué la cabeza no se calla? Me preguntaba en todo momento.

Por las noches despierta, en el día despierta, sólo dormitaba con siestas de 2 o 3 horas. El insomnio siempre presente acrecentó mi mal humor. Un primer ataque de pánico me sorprendió en un trayecto escolar dentro del metro. Y después todo tuvo sentido, empece a respirar.

Comencé con ejercicio fisico, mejoré alimentación y conocí la medicina holística. Empecé con Yoga, después meditación y hasta ahora Tai Chi.

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Considero que sin conocer los principios de yoga y meditación es probable se complique la práctica de Tai Chi, pero recuerden que nada es imposible.

El Tai Chi es un ejercicio benéfico para la mente y el cuerpo, por ello se le conoce como meditación en movimiento.

La filosofía china destaca la importancia del Chi, energía vital, que debe fluir a través de nuestro cuerpo para lograr el bienestar o malestar.

Esta arte marcial interno se usa para la lucha cuerpo a cuerpo, armada o desarmada. Sin embargo en siglo XXI se le considera como una práctica físico-espiritual para mejorar la calidad de vida.

Hay varios estilos:  Chen, Yang, Wu/Hao, Wu, y Sun. Pero en los diferentes estilos y escuelas se practican ejercicios básicos de postura, respiración y meditación para soltar las articulaciones, relajando el cuerpo e ir corrigiendo las posturas para evitar dolor o rigidez en los músculos.

Los ejercicios se realizan en varias “formas”, es decir movimientos que generan una secuencia fluida y sincrónica.

Una forma se compone de varios pasos (movimientos individuales), tales como el látigo simple, la grulla extiende sus alas, peinar la melena del caballo salvaje, el anciano venerable cierra la puerta, sacar la luna del mar, etc.

Muchas formas se llaman según la cantidad de movimientos, forma de 8, forma de 10, forma de 16, forma de 24, forma de 37, etc. Las formas más extensas tienen 100 pasos.

El tiempo en el que se realiza cada una de las formas puede variar desde un par de minutos hasta hora y media. Dependerá de la cantidad de movimientos y la velocidad de su ejecución.

Por lo general el Tai chi se realiza de manera lenta y calmada, nada como Keanu Reeves en el maestro del Tai chi. Es necesario moverse de manera natural, relajada, suelta y fluida.

Al ser un arte marcial se puede practicar con armas, no olvidemos que data de las peleas cuerpo a cuerpo.

  • La espada china para una mano, recta, de doble filo
  • La vara larga para impactar al enemigo
  • El abanico que antes era metálico y con filo.
  • La lanza

Lo mejor al comenzar a practicar este ejercicio es:

  • Erguir la cabeza de manera relajada
  • Mantener el pecho atrás y enderezar la espalda
  • Soltar la región lumbar, la cintura
  • Distribuir el peso corporal correctamente
  • Dejar colgar los hombros y los codos
  • La coordinación de lo de arriba con lo de abajo
  • El flujo ininterrumpido (que el movimiento fluya).

Después de que no se acabó el mundo, el terrorismo siguió existiendo, se hizo masivo el internet y la telefonía celular, el auge de las redes sociales y se descubrió el genoma humano.

Y hubo un día, no recuerdo cuando fue, que comprendí que mi enemigo era yo mismo, en ese momento comencé a ganar la batalla.

Mientras escuchaba Everything in its right place de Radio Head. 

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