¿Miedo o terror? Esto es lo que recuerdo de mi historia de amor

Es la pregunta más trillada que seguramente tú le has cuestionado a una mujer víctima de la violencia. Verlo desde afuera resulta no solo sencillo sino claro, pero vivirlo desde adentro es imposible. La respuesta es el miedo, sí el miedo. Como seres humanos llegamos a este planeta dotados de este poderoso, pero también imponente instinto.

Como supervivencia ante situaciones reales resulta útil ya sea inmovilizándonos para salvaguardarnos ante un peligro o activándonos para huir rápidamente de la amenaza, pero ¿qué sucede cuándo el miedo se convierte en algo patológico? ¿Hasta dónde es “normal”, hasta dónde es irreal, falso, inexistente? El maltratador tiene el control sobre su pareja, condicionando con base a repeticiones la respuesta de su víctima, acciona ciertos mecanismos a través de las palabras, de las actitudes, de amenazas, de indiferencia, de enojo, del tono de voz, del control sobre el dinero, del contacto físico, etc.

La víctima sin darse cuenta poco a poco cede al sometimiento, disminuyendo su identidad hasta quedar condenada a vivir en soledad dentro de una cueva profunda, oscura llamada miedo. Este tipo de miedo “imaginario” se aprende con el tiempo, no es inmediato.

La victima percibe amenazas, poco a poco se va quedando incapacitada.

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¿Cómo podemos darnos cuenta? La ansiedad es una de las primeras respuestas del cuerpo que nos indica que algo no está bien, nos mantiene en constante alerta, pretendiendo protegernos de todo o de todos, sin tener un motivo aparente; con la ansiedad llega la angustia y la sensación de vulnerabilidad, inhabilitando a la víctima para pensar, tomar decisiones, reaccionar, defenderse, incluso hablar.

El pensamiento de la víctima interpreta peligro constante sin razón aparente, convirtiéndola en una persona desconectada de la realidad, disfuncional, aislada e inadaptada, el miedo sube un gran peldaño convirtiéndose en pánico, quedando totalmente congelada.

Todos hemos sentido miedo alguna vez, tal vez cuando lamentablemente sufriste un asalto, cuando te diagnosticaron alguna enfermedad o tuviste un accidente, con alguna pérdida, al ver algo impactante en la televisión, ya sea en el noticiero o en una película de terror.

Sea cual sea tu circunstancia, seguramente, “sin darte cuenta” tu cuerpo fue reaccionando, la opresión del pecho fue tan fuerte que dejaste de respirar por algunos segundos, tu cuerpo se tensó a tal grado que quedaste completamente inmóvil, sentiste angustia, tus sentidos permanecieron en constante alerta ante la amenaza, el dolor o el sufrimiento; ¡Bajaste la guardia! Sin darte cuenta, cediste ¿cierto?

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Imagina esto que acabas de recordar de acuerdo con tu propia experiencia, todos los días, 24 horas constantes, sin parar, ¡por años! así, lo vive una víctima de la violencia, ¡está sufriendo constantemente! Sus condicionamientos han sido tan profundos que ha quedado como hipnotizada.

La siguiente vez que quieras preguntarle a una víctima ¿Por qué no te fuiste antes?, pregúntate: ¿qué te pasa a ti cuando sientes miedo? Por supuesto que una víctima de la violencia necesita ayuda, superarlo no será fácil, requerirá reaprender, necesitará ayuda profesional, paciencia, tiempo, amor y tu empatía.

Por: Claudia Corella terapeuta / Facebook: Claudia Corella Instagram: @clau_corella

Fotos: Archivo Eme de Mujer