Mi trabajo me odia

Hace poco, en una urgencia burocrática, fui a un @office depot, pedí 15 min de internet, abrí el archivo que requería y pregunté a qué impresora enviaba los archivos.

El chico me dio dos opciones, una blanco/negro y la otra para color.

Envié a ambas los documentos, me dio mis hojas y seguí enviando. Después se acercó y me pidió los enviará a una tercera impresora, porque había fallado una.

Así lo hice, solicité copias de las impresiones y el chico me dio un ticket con el total de mi compra, me pidió pagar en lo que él sacaba las copias y así no esperara más tiempo porque la fila de caja era de aproximadamente 5 personas.

Le pregunté si ese ticket incluía todo: internet, copias e impresiones, para no volver a formarme. Él respondió que sí.

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Regresé con el ticket y una chica me entregó las impresiones y documentos. Y me elaboró un segundo ticket.

Le dije: oye tu compañero me dio uno con el cobro total.

Le enseñé el ticket y me indicó que no estaba correcto, que solo me estaban cobrando internet e impresiones.

Además me había cobrado 6 impresiones de más porque la impresora que falló, en lo que fui a pagar, reaccionó y escupió los archivos que se le había enviado.

Volteé a mirar al tipo y, ¡vio mi mirada!

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Me molesté, le dije: hazme la cuenta.  Saqué efectivo exacto y se los dejé en la mesa. La chica me dijo que no podía hacer eso, la ignoré y me fui.

¿Por qué nos violentamos por algo trivial?

Muy fácil, TODOS damos y recibimos servicio. Por eso esperamos ser tratados con calidad.

¡Como lo servicial no se nos da a todos!

Si realizáramos una encuesta a cafeterías, restaurantes,librerías, taquerías y demás comercios, descubriríamos que el nivel de estrés de los empleados que dan la cara por la empresa es nivel Hulk.

Y no se les enseña a regularlo. Solo le dicen: te callas, te aguantas y el cliente tiene la razón!  Si no te gusta, nadie te obliga a estar aquí.

Eso no es correcto.  Las empresas deben invertir en el factor humano para incentivar productividad y ganancias.

Hace poco conocí virtualmente las oficinas de Google, diseñadas de manera “relajada” para que los empleados trabajen en armonía. Y me parece que el relax está condicionado para que los empleados estén el mayor tiempo ahí.

Si bien, a todo Godínez nos gustaría un comedor, entre jardines con muebles acojinados, cafetería incluida, tv, etc.

El problema es que a nadie nos gusta estar encerrados en nuestro centro de trabajo. Aunque nos paguen.

La vida no es así y los empleados se vuelven monótonos, aburridos, cansados, y su frustración la vuelcan en un ¡No me importa! Y no lo haré!

Asi que la burla se vuelve su arma letal ante los demás.

Este hartazgo es a nivel general, desde Doña tamales hasta el gerente del banco.

Es común verlos detrás de un mostrador, con cara de agonía, mostrando su hartazgo y descontento.

Todos hemos recibido muecas, gestos, manotazos, malas caras y groserías de algún empleado nada servicial, porque la frustración de estar ahí les recuerda lo que no pudieron ser o hacer. Y les grita la necesidad que los hace estar ahí.

Debemos ser empáticos unos con otros, porque las necesidades nos apremian a todos.

Así, que regresé al Office Depot y, con calma, le dije: ¿te faltó dinero de mi cuenta? Y la chica me miró de reojo, con desengano, balbuceó algo que no se oyó.

Otra mujer me trató de loca, porque desconocía lo ocurrido. Le dije brevemente lo ocurrido, le gritó a la chica, quien volvió a contestar en tono bajo. La mujer se le acercó, regresó y me dijo, con tono burlón: no pues, déjelo así, porque creo dice que le sobraron .50 ctvs!

Pero no le entendí, mi compañera es así!

Me di media vuelta y me fui. Ya lo dice el dicho: La burra no era arisca, ¡la hicieron!

Foto: Archivo Eme de Mujer

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