Riesgos de las actitudes ¡autoritarias en tu pareja!

Parte de los acuerdos, implícitos o explícitos, que se dan al interior de la relación a lo largo de toda su historia, están dados alrededor del ejercicio de la autoridad, el uso del poder y la capacidad de influencia sobre los proyectos de la pareja.

Es un hecho normal que cada miembro asuma roles diferentes, lo que en la realidad implica que uno tome más la iniciativa que el otro, asuma una mayor cantidad de responsabilidades o decida sobre ciertos asuntos. En este contexto resulta de utilidad a los propósitos comunes y se asocia a sentimientos positivos como la confianza, la seguridad, la estabilidad o la protección por el otro.

Sin embargo, esto no siempre sucede de esta manera y en muchos casos el que uno o ambos miembros de la pareja actúe de manera dominante puede ser un factor de conflicto que lleva incluso a rupturas definitivas. Como se dice coloquialmente“como yo digo” se vuelve un tema de discusión y confrontación permanente por muchas razones, entre ellas porque con frecuencia se traduce en que quien domina tiene una actitud autoritaria que supone tener siempre la razón, querer controlar al otro, descalificarlo o no tener en cuenta sus opiniones, sentimientos y necesidades.

Por su parte quien se siente dominado puede llegar a experimentar de manera importante sentimientos de miedo, minusvalía y falta de confianza en sí mismo. Con frecuencia, las personas muy dominantes tienen estándares muy altos que la pareja no logra alcanzar por más esfuerzos que haga, generando una sensación de “no dar la talla”.

Esta dinámica negativa lleva a acumular rencor y resentimiento afectando muchas áreas de la vida de la pareja como la comunicación, el afecto, e incluso la sexualidad.

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Recomendaciones:

* Uno de los grandes retos que tiene la persona autoritaria es identificar las distintas formas de ser dominante. Algunas veces se da de manera abierta, fácilmente reconocible, pero otras son más sutiles. A veces es importante solicitar ayuda psicológica.

* Dar espacio para conversar sobre las quejas de la pareja acerca de sentirse sometida, no tenida en cuenta o desvalorizada.

* Entender el desacuerdo como parte de la pareja y no como algo personal.

* Permitir que la otra persona tome decisiones, asuma responsabilidades, pero que también se equivoque, cometa errores o no tenga todas las respuestas. Esto valida al otro como persona y enriquece la relación.

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* Expresar el desacuerdo con amabilidad y respeto. Para ser firme no hay que recurrir a gritos, insultos, amenazas físicas o verbales, burlas o comentarios hirientes.

* Para cambiar una actitud dominante hay que comenzar por vencer la tendencia a querer tener siempre la razón, y sigue con reconocer la valía de la pareja, sus derechos a pensar diferente, y a actuar con autonomía y libertad.

 

Foto: Archivo Eme de Mujer

GDA/El Universal/México

 

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